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Qué es la Comunidad Árbol de Vida

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        Árbol de Vida es una comunidad cristiana de alianza en San José, Costa Rica. (Las comunidades de alianza son un tipo especial de comunidad cristiana, que comenzaron a surgir en el ámbito cristiano en la década de 1970, originalmente como una ramificación de la renovación carismática.) Los miembros de Árbol de Vida se comprometen con Dios y entre sí, bajo una “Alianza”, a vivir como discípulos de Jesús, relacionándose personalmente con Dios mediante la oración, la lectura bíblica y la vida de rectitud; a vivir en comunidad mediante el apoyo mutuo para el crecimiento cristiano en las situaciones ordinarias de su vida (familia, trabajo, estudio, etc.), la oración comunitaria y el servicio cristiano; y a realizar una misión de evangelización en el ambiente secularizado de hoy.

       Árbol de Vida se entiende a sí misma como un pueblo, es decir una agrupación cristiana con toda una diversidad de personas vinculadas entre sí por la alianza: adultos de diversas edades, jóvenes, personas mayores, niños, matrimonios, estudiantes, profesionales jóvenes; personas de diferentes ocupaciones y trasfondos sociales, que viven en distintos lugares del área metropolitana de San José, pero que son un cuerpo orgánico por su compromiso mutuo y con el Señor. Solo los adultos hacen el compromiso de alianza, pero los niños y adolescentes participan plenamente de la vida de la comunidad. Árbol de Vida, que se formó en 1977 como un grupo principalmente de estudiantes universitarios, fue creciendo y madurando con los años y en la actualidad incluye a 325 miembros adultos y alrededor de 300 niños y adolescentes.

       Árbol de Vida es una comunidad ecuménica, es decir, tiene un llamado a fomentar la unidad de los cristianos, que ya por muchos siglos han estado divididos en diferentes iglesias y confesiones. En la comunidad hay miembros católicos y miembros evangélicos, que se respetan mutuamente y se comprometen a ser fieles a sus respectivas iglesias. En la comunidad, evangélicos y católicos, aunque conscientes de las dificultades y campos de separación que históricamente existen entre ellos, hacen más énfasis en lo que los une que en lo que los divide, y hacen juntos todo aquello que pueden hacer juntos: orar, recibir formación para la vida cristiana práctica, apoyarse entre sí, servir y, en fin, llevar adelante la misión de la comunidad. Esta dimensión ecuménica en Árbol de Vida se vive en total fidelidad y respeto no solo a las respectivas iglesias, sino ante todo a la Palabra viva de Dios y a la guía del Espíritu Santo que está actuando en nuestros tiempos para que los cristianos de diferentes tradiciones se acerquen unos a otros.

       Árbol de Vida forma parte de una comunidad internacional y ecuménica de comunidades de alianza llamada La Espada del Espíritu, que actualmente tiene alrededor de 65 comunidades en más de 30 países de todos los continentes. Las comunidades miembros de La Espada del Espíritu, aunque tienen cada una su propio nombre, viven un mismo compromiso de alianza, un mismo modo de vida como discípulos de Jesucristo, y una misma misión de proclamar el Evangelio y fortalecer la vida cristiana de sus miembros y el testimonio cristiano en el mundo actual.

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La Alianza de Árbol de Vida

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 PREFACIO

En Cristo, Dios ha hecho con nosotros una alianza que hemos recibido gozosamente, y en la cual hemos entrado mediante la fe y el bautismo. En virtud de dicha alianza él es nuestro Dios, y nosotros somos su pueblo. Esa es la alianza nueva y definitiva, establecida por su Hijo Jesús mediante su sacrificio en la cruz; y Dios nos ha llamado a expresar de manera concreta nuestra adhesión a ella, como miembros de la Comunidad Árbol de Vida.

Por ello, en respuesta al llamado que Dios Padre nos hace de entregarnos a él como hijos y seguir a Jesús como discípulos, guiados por el Espíritu Santo y llenos de él, con la presente alianza nos comprometemos a recorrer juntos el camino de comunidad cristiana en forma responsable y firme. En esta vida de comunidad él nos une con el vínculo del amor y la fidelidad; y, dentro de la gran variedad de llamados que existen en el pueblo de Dios, nos da un llamado y una tarea particular: ser un pueblo en misión.

Al quedar unidos en nuestra respuesta al mismo llamado de Dios, cada uno de nosotros se compromete a no abandonar esta alianza de comunidad en forma autónoma, sino a considerar esa posibilidad solo como algo que ha de discernirse comunitariamente con criterio pastoral y en oración, cuando se presenten circunstancias justas que hagan que la participación en la Comunidad Árbol de Vida deje de ser posible.

Es con profundo gozo y gratitud, dándonos cuenta de la sobrecogedora bondad de Dios al darnos esta oportunidad, que entramos en la vida de este pueblo que Dios ha convocado. Aceptamos el vínculo particular de alianza que Dios ha establecido entre nosotros como comunidad, y expresamos públicamente esa aceptación como individuos y como pueblo.


ALIANZA

Somos hijos de Dios, que nos ha creado y llamado; somos discípulos de Jesucristo, a quien aceptamos como nuestro único Señor y Liberador, fundamento de nuestra fe y centro de nuestra vida comunitaria; somos templo del Espíritu Santo, que nos consagra y nos da nueva vida. Por todo ello nos comprometemos a una vida de continua comunión con el Señor, amándolo, sirviéndolo y buscando su rostro por medio de la alabanza y la adoración, la oración personal diaria, la lectura asidua de la Palabra, y la apertura plena a la guía del Espíritu y la multiplicidad de sus dones. Deseamos entregar a Dios nuestra vida entera, seguir a Jesucristo, y vivir más y más en el Espíritu Santo.

Nos comprometemos de corazón a permanecer unidos y solidarios unos con otros en el amor, como manifestación específica del Cuerpo de Cristo universal, del cual somos una parte. Nos disponemos por tanto a poner en práctica el perdón y la reconciliación, la negación gozosa de nosotros mismos en el servicio a los hermanos, y la entrega de nuestra vida para la edificación de la comunidad. Esto incluye el compartir fraternalmente nuestras capacidades, nuestro tiempo, dones espirituales y recursos materiales, y el comprometernos al sostenimiento económico de la comunidad. Nos disponemos con alegría a ofrecer hospitalidad a aquellos que Dios envíe a nosotros, y ensanchar nuestros corazones para recibir a aquellos que él añada a nuestro número. Queremos así caminar en el amor, y vivir en la luz de la verdad y la sinceridad.

Manifestamos nuestra mutua sujeción y la responsabilidad que tenemos unos por otros como cristianos, especialmente mediante una aceptación gozosa del servicio de autoridad que se nos ofrece dentro de la comunidad. Nos comprometemos a apoyar activamente y con sincera confianza la guía de los coordinadores en la marcha general de la comunidad, al igual que la guía específica que en nuestra vida personal nos brindan los responsables pastorales y de servicio. Nos disponemos a tener una actitud de apertura al discernimiento pastoral en la toma de decisiones importantes. Nos disponemos, en fin, a respetar y apoyar la estructura y el orden de nuestra vida conjunta. Nos comprometemos a asumir una postura de humildad, iniciativa y participación al ejercer los servicios a que nos llame el Señor en la comunidad, de cuya vida y edificación todos nos sabemos responsables.

Comprendemos que es Dios mismo quien nos ha constituido como una comunidad consagrada a él, y que por consiguiente no podemos conformarnos a las pautas y normas de un mundo alejado de Dios. Debemos, por lo tanto, buscar continuamente el rostro del Señor; aprender a reconocer su voz y creer lo que él nos dice; y obedecer fielmente a la verdad de su Palabra y a la guía de su Espíritu. Para esto, cada uno de nosotros se compromete a ser fiel en asistencia y puntualidad a las variadas formas en que la comunidad se congrega para alabar y servir al Señor, para escuchar su Palabra y profundizar nuestra comunión con él.

Estamos conscientes de que, en virtud de nuestra pertenencia a la Comunidad Árbol de Vida, somos también miembros de La Espada del Espíritu, una comunidad internacional de comunidades. Cada uno de nosotros personalmente, y todos juntos como cuerpo, nos comprometemos a amar y apoyar a nuestros hermanos y hermanas en La Espada del Espíritu en todo el mundo, y a servir con ellos en una misión común.

Como miembros de la Iglesia cristiana universal, nos ponemos íntegramente a su servicio, deseosos de colaborar activamente en la obra de restauración que el Señor está realizando en su pueblo, así como de promover, mediante una apertura ecuménica, el camino de la unidad que el Espíritu Santo les está señalando a las diversas iglesias cristianas. Para esto queremos crecer en fidelidad, conocimiento y participación en nuestra respectiva iglesia, así como en una actitud de respeto y comprensión hacia las demás.

Llamados a ser luz del mundo, anunciadores de la buena noticia del Reino y testigos de su presencia, y en obediencia al mandato del Señor, nos disponemos a servir a los seres humanos mediante la manifestación del amor salvador de Jesucristo, y a procurar que aquellos que no lo conocen alcancen la salvación que Dios nos ha dado.

De esta manera, ponemos en común toda nuestra vida ante el Señor Jesús, y con esperanza y entusiasmo nos entregamos a este camino que, basado en la fe y realizado en el amor, nos lleva en gozosa peregrinación hacia la plenitud del Reino prometido por Dios.

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La profecía del Árbol

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 LA PROFECÍA DEL ÁRBOL

Yo quiero plantar un árbol en medio de esta ciudad: un árbol que se nutra de mi agua de vida, para que siempre esté pronto a dar el fruto que la ciudad necesita. Para plantar este árbol me hacen falta semillas que estén dispuestas a hundirse en la tierra y morir a sí mismas. Mi llamado es una invitación a ser semillas en mis manos de sembrador. Si se entregan a mí, dispuestos a morir para dar vida, yo los cuidaré mientras crecen, y veré que se conviertan en un árbol frondoso. Yo quiero plantar un árbol en medio de esta ciudad, y quiero que ustedes sean mis semillas.

(20 dic. 1976, en futuro “Grupo Base” de Agape)

 

LA PROFECÍA DEL BALUARTE

Escúchenme hoy mientras les revelo parte de mi pensamiento, mientras les hablo de cosas que vendrán. Yo los he reunido aquí para que sean el inicio de algo muy importante para mi Iglesia. Yo los he traído aquí para unirlos entre sí, para darles una visión de lo que vendrá. Yo estoy suscitando otras comunidades alrededor del mundo y quiero que ellas lleguen a unirse con ustedes y estar junto a ustedes en unidad. Yo suscitaré individuos en todas partes del mundo, y los haré congregarse con ustedes, y los ataré fuertemente a ustedes y los haré a uno solo. Sí, yo haré eso como fuente de fortaleza para mi Iglesia. Yo haré de ustedes un baluarte para que defiendan contra la embestida del enemigo a aquellos que no están preparados, a aquellos que no están listos.

Yo no dejaré que el enemigo arrase con ellos por no estar listos, sino que los protegeré detrás del baluarte que voy a formar con ustedes. Yo quiero que ustedes estén listos y dispuestos para unirse a otros y estar junto a ellos en la batalla contra la embestida que viene, y defender a los débiles, para defender a los que están confundidos, y para proteger a los que no están preparados, hasta que yo pueda dar cumplimiento a mi plan completo. Les digo que ustedes son una parte y no el todo. Hay muchas otras cosas que estoy haciendo en este mundo. Hay muchas otras formas en que estoy trabajando para levantar a mi pueblo en fuerza y en gloria. Ustedes son una parte y no el todo. Quiero que tomen en serio la parte que les corresponde, y que entreguen su vida por ella. Ustedes son un vislumbramiento y una prefiguración de algo mucho más importante que me propongo hacer. Ustedes son una parte y no el todo. Entreguen ahora sus vidas por las cosas que les he revelado.

(Agosto 1976, Conferencia Conjunta de las comunidades

La Palabra de Dios y Pueblo de Alabanza)

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